|
|
MUSEO DE ARMAS En pleno centro de Buenos Aires, es un paseo imperdible para los amantes de la historia, están exhibidas piezas de colección de diferentes épocas y guerras
Todas
las culturas tienen un arma específica y cada arma tiene su cultura.
Y detrás de cada arma hay una diferente mentalidad, diferentes usos,
diferentes formas de vivir y concebir la lucha. El
arte y la técnica del uso de las armas se han ido modificando con el devenir de
los días, de los años, de los siglos.
Conocerlos significa saber el arte y la mentalidad de cada pueblo, a
veces dramática, pero siempre rica y significativa.
Reservemos así un lugar muy especial a aquellas armas que acompañaron a
nuestros soldados, siempre que el país tuvo que luchar por su libertad y su
soberanía. Acorde
a estos conceptos, el Museo de Armas de la Nación permite a los visitantes
recorrer la historia a través de las armas, mostrando la evolución desde los
artilugios de la Edad Media hasta el automatismo del siglo XX. Al
iniciar el recorrido, el espectador pronto tiene idea de la importancia de la
colección, que lo lleva con entusiasmo de un objeto a otro en un espacio
amplio, agradable y didáctico, que apuesta al color, la luz y la escenografía.
El museo, ubicado en la calle Maipú, esquina Santa Fe, en Capital. En
el Patio de las Armas hay piezas de artillería que custodian la fachada del
Museo, considerado “el santuario donde descansan las armas que forjaron la
Patria”. También
hay piezas de otros países del mundo.
En definitiva, el museo es un espacio en el que las armas son testigo de
la historia. Sables
y espadas son exponentes de tiempos cuando la esgrima era el arte de nobles y
caballeros, y la firma de un insigne espadero se buscaba como hoy se busca la de
un autor en una librería. Con
la aparición de las armas de fuego portátiles, el ingenio del hombre no
descansó, presuroso en crear y mejorar los diferentes sistemas de ignición.
La sala Fray Luis Beltrán es un ejemplo de esta búsqueda, con su
importante colección de armas largas de fuego que atrapa la atención de
aficionados y especialistas. Luego,
el visitante accede a la sala Libertador General san Martín, en donde la
exposición establece un enlace entre los cuadros “Combate de San Lorenzo” y
“Batalla de Maipú” y las armas que la rodean. Arcabuces
de mecha de la época de la conquista española, fusiles y carabinas de chispa
tomadas durante las invasiones inglesas se suman al armamento fabricado en el país
y a otras adquiridas en el exterior. Numerosos
ejemplares testimonian la gran diversidad de materiales que se utilizaron en
nuestro Ejército, hasta la adopción en 1879 del fusil reglamentario, el
“Remington patria”, modelo argentino que más tarde fue reemplazado por el
Mauser en sus versiones de fusil de infantería y carabina de caballería. En
otra sala se exponen varios modelos a escala de uniformes: desde el que usaban
los soldados del siglo XVI de la conquista española de América hasta el usado
por los cadetes del Colegio Militar de la Nación en 1942. La
“Teniente Coronel Doña Juana Azurduy de Padilla” preside la sala de lanzas
y bayonetas. Se
trata de un arma memorable, que acompañó al hombre en la lucha por la
independencia americana. La
sala “Islas Malvinas” es la emotiva, con su homenaje a los soldados que
cayeron en la lucha por la recuperación del territorio insular. Las
armas cortas de fuego presentan curiosos objetos como los llamados “Pepper
box” o “Avisperos”, que por su forma de varios cañones giratorios se las
considera precursoras de los actuales revólveres.
Junto con ellos se encuentran los trabucos “naranjeros”, muy usados
en las estancias del interior a principios de siglo. La
sala de la Campaña del Desierto muestra armamento y objetos personales de los
expedicionarios.
Se destaca la coraza de cuero que Alsina ordenó usar a todos los
soldados. Uno
de los cañones históricos que forman parte de la colección es el “Manco
Capac” de bronce y avancarga, que fue utilizado desde principios de siglo
hasta la guerra de la Triple Alianza (1865-1870).
Este cañón fue fabricado en la fundición que el Triunvirato de 1812
encargó instalar en Buenos Aires al Teniente Coronel Don Ángel Monasterio, a
quien se llamó el “Arquímedes” de la Revolución. La
sala de Armas del Oriente muestra una fascinante exposición donde se conjugan
valiosas piezas del Japón feudal con la recreación de ambientes propios de la
tradición nipona, tan sensible y cara a las armas.
|
|
|
|