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Enfermedad
de Alzheimer
OLVIDARLO
TODO La Enfermedad de Alzheimer es la causa del 60 por ciento de los casos de demencia. Al principio se manifiesta con olvidos frecuentes y dificultades en el habla. Si bien es un mal progresivo e irreversible – aún no existe un tratamiento que lo cure -, el diagnóstico precoz y el conocimiento de los síntomas pueden aliviar la ansiedad de pacientes y familiares, además de propiciar un tratamiento adecuado que retarde las etapas avanzadas de la enfermedad.
Hasta
el momento, al diagnóstico definitivo sólo se arriba post mortem, mediante una
biopsia cerebral, sin embargo, existen formas de detectar la enfermedad con un
alto grado de probabilidad a través de exámenes clínicos y complementarios,
como la tomografía computada y la resonancia magnética. Los
primeros síntomas Cristina
sabe que su mamá padece Alzheimer desde hace 6 años, aunque supone que la
enfermedad se inició mucho antes. Uno de los problemas para detectarla en forma
precoz se da porque, al principio, los síntomas pueden pasar desapercibidos.
Cristina recuerda que ante los primeros olvidos “mi
familia y yo decíamos que eran propios de la edad, la vejez o la personalidad.
Incluso yo pensaba: ‘qué práctica mi mamá’, porque como vivía sola en
lugar de cocinar se compraba comida hecha. En realidad, cuando dejó de cocinar
fue porque ya no sabía como hacerlo”. Los
especialistas llaman signo centinela a la pérdida de memoria, el cual constituye el primer
indicio de la enfermedad. La familia toma conciencia de que los olvidos no son “normales”
cuando estos aumentan al punto que el familiar no puede adquirir un nuevo
recuerdo: “supongamos que uno
le da un número de teléfono, la persona tiene que discarlo y cualquier
interferencia, por ejemplo alcanzarle una taza de café, hace que olvide que
tiene que hacer un llamado”,
explica Cristalli. Las
dificultades para encontrar la palabra adecuada en una conversación es otro de
los primeros síntomas. Esto provoca angustia porque, en general, el afectado es
conciente de este deterioro en sus capacidades de expresión y, a fin de no
ponerse en evidencia, se inhibe socialmente. Si, por ejemplo, la persona tiene
que pedir un vaso y no lo puede nombrar apela a lo que los médicos llaman
“circunloquio”, es decir, rodea la
palabra utilizando otras conexas: “dice
‘dame eso’ o ‘tengo sed’. A medida que la enfermedad avanza, el paciente
tiene un vocabulario lleno de palabras pero con menos contenido semántico, uno
empieza a notar que no comunica lo que realmente quiere”,
comenta la especialista. Con
el tiempo, la pérdida de la memoria se agudiza y el paciente sufre una regresión
gradual que le impide la coordinación de los movimientos. Por eso no puede, ni
siquiera, desarrollar actividades sencillas como peinarse, vestirse o bañarse. “La
persona empieza, además, a tener dificultades en el comportamiento gnósico
espacial. En términos sencillos: cuando uno maneja un auto conoce las distancia
y se adapta a los espacios que el vehículo le ofrece. Cuando se inicia la
enfermedad el conductor comienza a morder cordones o a chocarse. Pierde esa
facultad inconsciente de relacionar el yo y lo que lo rodea. Es como volver a
ser muy niños”,
agrega Cristalli.
La
familia Desde
hace seis años, en el hospital San Roque de Gonnet, familiares de pacientes con
Alzheimer se reúnen los primeros sábados de cada mes, para intercambiar
experiencias y brindarse contención mutua. Ante la crisis que provoca en una
familia el desencadenamiento de la enfermedad, el grupo les permite conocer y
anticiparse a las distintas etapas y encontrar el “camino”
más adecuado para cada caso. Néstor
es uno de los miembros del grupo. Hace 8 años que a su esposa le diagnosticaron
Alzheimer y, desde entonces, él es su cuidador exclusivo. Si bien en una
oportunidad se vio obligado a internarla, pronto volvió a llevarla a su casa
porque “la extrañaba”,
explican sus compañeras de Alma. “Se
hace muy difícil ocuparse de una persona con esta enfermedad porque el cuidador
es absorbido por el paciente y, a
veces, sin darte cuenta, te vas dejando arrastrar por la enfermedad. Ocurre que
uno tiene el afán de brindar la mejor atención, pero eso va en detrimento
nuestro, porque nos vamos agotando”,
comenta Néstor. Para
aliviar el desgaste que implica ocuparse de estos pacientes, el grupo recomienda
que el cuidador tome períodos de descanso y delegue en otra persona parte de la
atención. “Desde el grupo
insistimos en que no hay un camino único y que hay tantas posibilidades como
familias. Con esto quiero decir que es tan válido aquel que toma la decisión
de internar al paciente como el que lo mantiene en su casa. Pero cuánto más
informados están los cuidadores más se alivian, porque no se encuentran de
golpe con un papá o una mamá que no se reconoce frente al espejo, sino que
saben que esto es gradual y propio del Alzheimer, que no están solos y que
necesitan pedir ayuda”,
señala Cristalli. María
Elena también concurre al grupo y asegura que conocer las etapas de la
enfermedad le sirvió para estar preparada. Desde hace tres años sabe que su mamá tiene
Alzheimer: “hice
terapia durante un año porque me costó muchísimo asumir que pasaba de ser
hija a ser madre. Además no te queda otra que aceptarlo y, una vez que lo asumís,
con ayuda del psicólogo y del grupo, se te hace más fácil. Sabemos que es una
enfermedad irreversible pero también sabemos que requiere de amor y mucha
paciencia”. Tratamiento
farmacológico y estimulación.
El
mal de Alzheimer es la principal causa de demencia,
esto implica el declinar de las funciones intelectuales de una persona. El hecho
básico de esta enfermedad es, en principio, la lesión y luego la destrucción
de las neuronas por la aparición de depósitos proteicos insolubles. Si bien aún
no hay vacuna ni cura, el tratamiento farmacológico y la estimulación
cognitiva pueden retrasar la progresión de los síntomas Un
problema central en estos casos es la pérdida de un elemento químico a nivel
del cerebro (acetilcolina), que deriva en un síndrome amnésico progresivo. La
mayor parte de la tarea terapéutica apunta hacia esa dirección, con
medicamentos que estimulan la producción de esa sustancia y previenen
su destrucción. Drogas
como la rivastigmina, donepecilo o galantamina, estimulan los efectos de las
neuronas restantes del cerebro y mantienen durante más tiempo la acetilcolina
liberada durante la sinapsis (que es la conexión entre neuronas, lo que permite
transportar impulsos nerviosos). Los ensayos clínicos demostraron que la
medicación estabiliza el funcionamiento general del paciente en las actividades
de la vida diaria. El
otro pilar del tratamiento es no farmacológico y consiste en darle a quien
padece Alzheimer la estimulación cognitiva necesaria: “en este caso no es necesario gastar dinero, sólo hace falta que la
familia se entrene para estimularlo. Lo importante es que el paciente tenga
contacto social, tenga una tarea asignada en la casa y, fundamentalmente, que no
se lo aísle ya que la falta de
incentivo contribuye a que la enfermedad avance rápidamente”, concluye
Cristalli. Un
mayor desarrollo intelectual retrasaría el Alzheimer
Algunas
teorías afirman que las personas que superaron los 18 años de escolarización
estarían menos predispuestas a padecer la enfermedad de Alzheimer. Esto no
significa que estén exentas sino que la aparición sería más tardía. “Se
supone que a más alto nivel educacional hay más sinapsis neuronal, es decir,
la educación estaría no en relación al volumen cerebral ni a contenidos sino
a la cantidad de conexiones entre neuronas para el transporte de impulsos
nerviosos”, explica la
neuróloga Diana Cristalli. Lo que desarrolla
esa actividad cerebral es, mayormente, la lectoescritura asociada. Por
eso, uno de los ejercicios de estimulación que más se aplican como método
preventivo y en la primera etapa de las enfermedad es la resolución de
crucigramas. “Con
este tipo de ejercicios se logra mayor concentración, pero esto no cura la
enfermedad ni la evita en su conjunto
– aclara Cristalli -, cuando uno dice
que el alto nivel educacional previene no quiere decir que no haya profesionales
sufriendo la enfermedad, sino que se va a desarrollar en edades más avanzadas y
que puede estar apto socialmente por más tiempo. Un paciente poco estimulado,
con poca actividad social y abandonado a su suerte, avanza muy rápidamente”. La
tres etapas de la enfermedad:
Primera
Por
tratarse de una enfermedad gradual, es difícil precisar el momento exacto de su
comienzo. Puede presentar: ·
Olvido progresivo. ·
Confusión con respecto a instrucciones, decisiones y manejo del dinero. ·
Pérdida de espontaneidad e iniciativa. ·
Acciones y manifestaciones repetitivas. ·
Cambios de personalidad o de humor. ·
Alguna desorientación en cuanto a tiempo y espacio. ·
Dificultades en el lenguaje. Segunda
A
medida que la enfermedad avanza los problemas se van haciendo más evidentes y
sus actividades más restrictivas. ·
Dificultad en reconocer amigos cercanos y familiares. ·
No puede retener experiencia nuevas. ·
Deambular. (Idas y venidas sin ninguna finalidad). ·
Inquietud. ·
Espasmos o contoneos musculares ocasionales. ·
Dificultad en organizar sus pensamientos. ·
Puede estar irritable, nervioso. ·
Se vuelve descuidado o confuso con respecto a la vestimenta e higiene
personal. ·
Es incapaz de vivir solo sin problemas. ·
No puede cocinar, limpiar o salir solo de compras. ·
Puede perderse, aún en su propia casa. ·
Puede ver u oír cosas que no existen. ·
Mayor necesidad de estimulación. ·
Puede aparecer incontinencia. Tercera
En
esta etapa, el paciente está en total dependencia de su cuidador. Los problemas
de memoria son muy serios y se hace más notable su deterioro físico. ·
Pérdida de peso, a pesar de una dieta adecuada. ·
No puede realizar ninguna actividad de cuidados diarios solo. ·
Se comunica muy poco o nada. ·
Pierde la habilidad de caminar o sentarse. ·
Duerme más. ·
Pueden aparecer dificultades para tragar ( alimentos y líquidos). ·
Propenso a infecciones, especialmente respiratorias. Fuente:
Alma (Asociación de Lucha Contra el Mal de Alzheimer)
SE ACONSEJA EJERCITAR LA MEMORIA PARA PREVENIR EL ALZHEIMER
Las últimas investigaciones consideran el cerebro, todavía el gran desconocido del organismo humano, como un órgano más moldeable de lo que se creía, con capacidad para desarrollarse durante toda la vida e indican que mantener el ejercicio y entrenamiento mental ayuda a prevenir el alzheimer. Esta enfermedad, identificada por vez primera en 1906, es la forma más común de demencia en edades avanzadas, pero también puedeiniciarse de forma precoz en la cuarta o quinta década de la vida. Neurólogos como Manuel Martínez Lage, jefe de la Unidad de Alzheimer de la Clínica Universitaria de Navarra, aseguran que es un mito del pasado la idea de que el ser humano va perdiendo neuronas a lo largo de la vida. En opinión de Lage, el hecho de cumplir años no entraña necesariamente la pérdida de facultades intelectuales, sino que las demencias son siempre manifestaciones de una enfermedad cerebral, que no se explica sólo por el mero hecho del paso del tiempo. Los interrogantes sobre cómo y qué produce enfermedades cerebrales como el alzheimer, asociadas a la edad pero no debidas a ella, permanecen en gran medida sin una respuesta adecuada. Por ello, cada vez son más los especialistas que centran sus investigaciones en conocer mejor el funcionamiento del cerebro humano y las enfermedades que lo destruyen, como las demencias seniles, cada vez más prevalentes en las sociedades desarrollados. La demencia más frecuente es el alzheimer, que según los especialistas se convertirá en la patología sociosanitaria más importante del siglo veintiuno, cuyo control y curación es uno de los principales retos. El objetivo más inmediato sobre el que se trabaja desde múltiples campos es conocer los mecanismos de la enfermedad, que roba la personalidad de los enfermos y que causa un gran dolor en las familias de los afectados. alzheimer tan sólo consigue ralentizar el proceso de deterioro de cerebro, cuya manifestación anatómica más clara es la aparición de placas amiloides en el cerebro, que son depósitos de proteínas que destruyen las conexiones neuronales. La destrucción de estas placas amiloides es una de las formas de lucha contra este mal más esperanzadoras, sobre todo tras divulgarse recientemente en Estados Unidos el resultado de una vacuna, todavía en fase de pruebas clínicas con seres humanos, que podría servir tanto para la destrucción de las placas como para la prevención de su formación. Mientras que se llega a una solución, los casos de alzheimer avanzan en el mundo y para el año 2050 se calcula que habrá más de 22 millones de afectados. En España hay 400.000 enfermos y otro gran número de personas lo padecen, aunque todavía no están diagnosticadas y es muy importantesu detección. Cuando se diagnostica en los primeros estadios, el alzheimer puede controlarse con medidas farmacológicas y de otra índole, como como puede ser la dieta y sobre todo la práctica de ejercicios que ayuden a preservar la memoria. La pérdida de la memoria es uno de los primeros signos de la enfermedad, que suele acompañarse al poco tiempo con incapacidad para realizar actividades habituales, olvido de los números o uso incorrecto de las palabras, así como trastornos de la conducta y cambios en el estado de ánimo. Cada vez hay más especialistas que aconsejan mantener en buen funcionamiento el cerebro con actividades como leer, resolver crucigramas, jugar al ajedrez, aprender idiomas o cualquier otra actividad que estimule el cerebro. Mantener en buen estado el cerebro es aún más importante cuando se cumplen años, debido al incremento de posibilidades de padecer demencias, y por eso hay sicológicos y educadores que han ideado programas específicos para el mantenimiento funcional de la memoria. Los especialistas aconsejan a las personas mayores ejercitar la memoria al menos durante 40 minutos o una hora diaria y piensan que es más eficaz cuando se hace en grupos de unas seis personas, para mantener una mayor motivación y a la vez desarrollar la red decontactos sociales.
En 2020, habrá 700 mil argentinos con Alzheimer Actualmente padecen esa enfermedad neurológica 315 mil personas en el país. El mal afecta las áreas del pensamiento, la memoria y el lenguaje, deteriorando en la persona su función ejecutiva
Alrededor de
700.000 personas sufrirán del mal de Alzheimer en Argentina en 2020, una
enfermedad neurológica que fue descubierta hace cien años y en la cual la
consulta médica temprana es la mejor alternativa para evitar la progresión del
deterioro cerebral que causa al afectado.
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