|
|
Arándanos. En busca de la madurez Un gigante en edad de crecimiento. Así podría definirse al sector arandanero argentino, que viene experimentando desde 2003 un crecimiento tan acelerado como poco planificado, un hecho plasmado en los volúmenes producidos. A modo de ejemplo: en 2005, se produjeron 4,3 millones de kilos; en 2006, 6,35 millones; para 2007 se esperan entre 12 y 14 millones de kilos y ya se proyecta una cosecha de entre 18 y 20 millones de kilos para 2008.
Pero también aumentó el área de siembra. A la tradicional región bonaerense se sumaron las tierras de Entre Ríos, Tucumán y Chubut. Una cuestión que no es menor, ya que al incorporarse mayores volúmenes y regiones, la cuestión de cuándo se saca la fruta pasó a ser fundamental para definir precios.
Claro que el boom de la fruta color azul, como todo crecimiento no previsto, trajo sus problemas. Al igual que sucede con las demás frutas finas, el arándano tiene dificultades en transporte, almacenaje y en la comercialización, según alertan en la Cámara Argentina de Productores de Arándanos y Otros Berries (Capab).
"El mayor cuello de botella se produce en la comercialización, ya que las empacadoras y comercializadoras no estaban preparadas para manejar semejante volumen. Otro problema es el transporte, ya que no hay bodegas suficientes en los aviones para llevar la fruta", ilustró Alejandro Casado de Achával, presidente de Capab.
Según Casado de Achával, la fruta se envía vía aérea, por lo que se deben aprovechar los aviones que llegan al país con mercadería y vacían sus bodegas acá. Es entonces cuando debe hacerse el envío. Pero, ante el crecimiento de los volúmenes, no hay bodegas suficientes para trasladar la fruta ni capacidad para contener los volúmenes hasta que puedan ser transportados.
"Esto se produjo porque, a diferencia de Chile, que primero construyó los empaques y después se largó a producir, nosotros empezamos a producir y nos encontramos con que se excedió la capacidad de procesamiento", dijo Casado de Achával. "Una posible salida a esto es alquilar cámaras de frío o reefers (contenedores refrigerados) para poder manejar semejante volumen. También se está hablando con las navieras para sacar la fruta en barco, ya que desde 2006 el Servicio de Inspección de Plantas y Animales de los Estados Unidos (Aphis, por sus siglas en inglés) nos reconoce el tratamiento en frío para la mosca de la fruta", explicó el presidente de Capab.
"La clave es llegar rápido a la góndola. No hay, como en otros sectores, problemas de techo para la exportación, porque el consumo a nivel mundial es grande. Y el arándano argentino es apreciado, porque es de muy buena calidad y tamaño, sumado a que los productores locales tienen incorporados estrictos sistemas de calidad", dijeron en Capab.
Baja del precio La falta de capacidad para manejar los volúmenes tiene una consecuencia concreta: la baja del precio. Porque si por alguna razón se superponen las producciones de las diferentes regiones (la fruta de Tucumán sale en septiembre; la de Concordia, en octubre y la de Buenos Aires, en noviembre) y se satura la oferta, los precios se van al piso, algo que sucedió en 2006 y podría volver a pasar este año, con las heladas que demoraron las cosechas en el Norte.
En lo que es precio, la que termina llevándose mejor valor es la fruta tucumana, que sale primero. En 2006 los productores de esa provincia lograron el mejor valor, 11 dólares. Luego de ese pico, el precio cayó a 9. Como prevención, y para apoyar a los productores, el gobierno tucumano dispuso las condiciones para tener en 2007 once vuelos diarios para transportar los envíos, algo que podría ayudar a descomprimir la oferta.
Además de tirar al piso los precios, el boom de la producción y la falta de vías de comercialización da lugar para prácticas poco transparentes, como "inconsistencias entre los precios que se pagan acá y los valores de destino", explicó el productor Sergio Oniszczuk, dueño de una plantación en las cercanías de Capilla del Señor, en la provincia de Buenos Aires.
"Algunas comercializadoras toman más fruta de la que pueden vender y después no saben qué hacer, y te dicen que tu fruta se pudrió, porque los costos quedan a cargo del productor", coincidieron Casado y Oniszczuk.
Para ambos productores, la idea no es enfrentar a los productores con la comercialización, sino tener igualdad de condiciones y contratos concebidos de forma bilateral. "La trazabilidad podría ser un mecanismo para dar transparencia al sistema. Porque a veces toca estar en el mismo contenedor que un productor que no hizo tan bien los deberes, entonces se paga la culpa del que hizo mal las cosas. Si se produjese una falla, con trazabilidad se podría detectar donde se originó y que no paguen justos por pecadores", explicaron.
Otro desafío inevitable para ambos productores es la industrialización, que ya dio sus primeros pasos en la fabricación de mermeladas y helados. "En un sector con un crecimiento interanual del 60% es natural pensar en industrialización como un camino para agregar valor", dijo Oniszczuk.
Por eso, ambos productores coinciden en que, con un panorama como éste, en el mediano plazo va a ser fundamental
|
|
|
|